Hace unos meses mientras esperaba mi turno para comprar en la farmacia vi que entraban unas niñas de aproximadamente seis y siete años, seguramente compañeras de escuela, estaban acompañadas por una mujer que al igual que todos, se sentó a esperar su turno para comprar. Era de esas típicas farmacias en donde hay una balanza en donde podés saber tu peso de forma gratuita, aunque casi ninguna anda del todo bien. En ese lugar habían dos. Las pequeñas se acercaron a la primera que vieron y recordé cómo a su edad, para mí también era divertido jugar con la balanza, ver cómo subían o bajaban los números si me movía, o solo ponía un pie, era una rara forma de entretenerse cuando hay mucha gente y no hay nada interesante para ver. En principio no me llamó la atención porque a esa edad, la inmensa balanza es un juego. Pero para las niñas era más que eso, la niña más grande -o más alta, no lo sé- fue la primera en pesarse, lejos de saltar o jugar a que cambien los números se quedó quieta esper...