miércoles, 15 de julio de 2015

El monstruo de mi casa

Mirada llena de inocencia,
ojos anegados de tristeza, 
almohada empapada 
por las lágrimas derramadas. 

Y ella permanece callada,
sumisa como cada día,
con su sonrisa fingida
y la mirada perdida.

Y ahí estaba él,
mirándola con malicia,
pero en su mundo de fantasía
la perversión no existía.

Es tan solo una niña
y ya le arrebataron
lo único que tenía,
le robaron la alegría. 

Sus muñecas olvidadas
permanecen encerradas
al igual que su alma
que continúa encadenada. 


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